ANÁLISIS





El ser humano a lo largo del tiempo ha mutado su pensamiento, y por ende su modo de vivir y de actuar, esto ha tenido como consecuencia SU desvinculación con el mundo afectivo, quebrantando la tradición que lo había acompañado a lo largo de su vida; guiado por las exigencias de un mundo globalizante, el hombre a adecuado cada estrato de su tiempo en momentos que le generen ganancias, evaluando todo acontecimiento según costos y beneficios.

Específicamente en las relaciones de pareja, la tendencia a huir de las relaciones solidas y estables se ha visto afectada de manera severa, el hombre actual, globalizado y globalizante, se caracteriza por escapar del compromiso, pues asegura -característica importante dentro del amor- implica un riesgo del cual se ignora cual sera su producto final, las inversiones a largo plazo generan perdidas que el hombre actual no esta dispuesto a aceptar, por lo que ha optado a crear nuevas formas de relacionarse (menos formales y mas libres) como lo son las conexiones (redes) y los amores de bolsillo (guardaditos).

El nacimiento de estas nuevas tipologías de relaciones deviene (entre otras cosas más) tras el descubrimiento del poder que tantos años se había mantenido oculto y que buscaba un orificio de salida ante tanta presión, ese amor dual, amor con ataduras, que se disfraza de libertad y sacrificio pero que en realidad, ejerce poder de forma indirecta y genera un alto costo a pagar: la exclusividad.

No es bueno arriesgar el todo por algo que no es costeable o beneficioso para si mismo; y mucho menos por algo que nos encierra en una mundo limitado, por ello es preferible apostarle a las relaciones libres, que permiten tener opciones y se encuentran muy alejadas de las ataduras, estas nuevas relaciones no involucran para nada la afectividad (o eso pretenden), carecen de vínculos, y se caracterizan por cubrir de manera rápida y efectiva las necesidades inmediatas del ser que esta dispuesto a dejar de lado lo sentimental, son relaciones líquidas, fluctuantes, moldeables, que tiene siempre a la mano las opciones de archivar o borrar en cuanto causen señales de alarma como lo es el enamoramiento.

Todos estos beneficios que se han adquirido tras la mutación de las relaciones personales han cooperado en mucho a alejar al hombre de los vínculos sociales (como búsqueda identidad cultural) y afectivos, teniendo como consecuencia el desinterés por el otro quien paso a ser solo un objeto de deseo, ya no existe unificación la pareja que conformaba a uno mismo ahora se divide en yo y ellos. Culturizados, identificados por una identidad que construye diferencias.

La cultura nació de ese encuentro entre los sexos, en él, la cultura ejerció por primera vez su capacidad creativa de diferenciación. Pero dicha diferenciación también creo un nuevo conflicto: la igualdad, que tan igual o desigual debe de ser para el otro, si vives dentro de una sociedad en la que cada individuo solo está interesado en sí mismo y buscar soluciones que beneficien su integridad y de alguna forma también su “felicidad”. Cada relación humana está basada en una sola cosa, buscar la felicidad; sin embargo se ha olvidado que dicha búsqueda no existe sino en los propios paradigmas ya que no es una búsqueda sino un trayecto con un destino incierto.

Existe una competencia entre la medicina y el sexo por la reproducción, por saber si es un punto de importancia en una relación afectiva o solo una característica para fomentar el crecimiento de una civilización, hoy en día el tener hijos parece ser un requisito primordial para un buen matrimonio o el buen desarrollo de una familia, es decir se ha convertido en consumo emocional (idea costo-beneficio), en el que vida individuo pone en una balanza su futuro, atribuyéndolo a formar hijos sanos y con ello una familia productiva y afectiva. Los hijos son una de las compras más onerosas que un consumidor promedio puede permitirse en el transcurso de toda su vida, en nuestros tiempos, tener hijos es una decisión, y no un accidente, circunstancia que suma ansiedad a la situación.

Pero ¿que sucede cuando los lazos afectivos no son tan resistentes como para continuar compartiendo la vida con una persona que ya no llena los vacíos existenciales o peor aun que solo los lleno por un rato y ahora no se encuentra compatibilidad con el otro?,

Es aquí donde entra a la caja de desechos humanos ya que su lugar en la caja de herramientas ya no está y fue funcional solo en el tiempo que el individuo lo necesito, ahora ocupa otro tipo de “herramienta” para continuar en su eterna búsqueda de la felicidad.

Pasando a otros puntos, no menos importantes, están: el homo economicus y el homo consumens, quienes definen la sociedad de mercado. "el homo economicus y el homo consumens son hombres y mujeres sin ataduras sociales. Son los miembros ideales de la economía de mercado y hacen las delicias de los guardianes del PBI. También son ficciones." La misma sociedad es una herramienta de otra sociedad o peor aún de su misma sociedad y esto es debido a que el ser humano se ha vuelto en un homoconsumibilitas, es decir; que su vida se ha convertido en un consumo de productos en la mayoría de los casos innecesarios pero que llenan ese vacío existencial que no ha podido llenar otro ser humano o para compensar lo que el otro no ha logrado, es ahí donde interviene nuevamente la caja de herramientas de la sociedad ya que es tal la costumbre de consumir que el individuo cree que todo puede ser tan sencillo como comprar un objeto y desecharlo cuando este le haya aburrido o desesperado, así se han convertido las relaciones afectivas, en un uso y desuso continuo, Pero la justificó: "Pensamos que valió la pena pagar ese precio". Esa fórmula se ha convertido, con el paso de los años, en un verdadero lema de nuestros valientes tiempos modernos.

La supervivencia y el bienestar de la communitas (y por tanto, e indirectamente, también de la societas) dependen de la imaginación humana, de su inventiva y coraje para romper la rutina y aventurarse por caminos inexplorados. En otras palabras, depende de la habilidad humana para vivir en riesgo y aceptar responsablemente sus consecuencias. En otras habilidades descansa la "economía moral" cuidado y ayuda mutuos, vivir para el otro, tejer la trama del compromiso humano, ajustar y corregir los lazos interhumanos, transformarlos derechos en obligaciones, compartir la responsabilidad del destino y el bienestar de todos, indispensable para rellenar los agujeros abiertos, empresa siempre inconclusa de la estructuración, y contener la inundación que ella ha desatado".

De todos los impulsos, inclinaciones y tendencias "naturales" del ser humano, el deseo sexual fue y sigue siendo el más irrefutable, obvia y unívocamente social. Se dirige hacia otro ser humano, exige la presencia de otro ser humano, y hace denodados esfuerzos para transformar esa presencia en una unión.

El modelo de PIB que domina la manera como los miembros de una sociedad líquida moderna, consumista e individualizada piensan el bienestar o el "bien social" es notable no tanto por sus clasificaciones erróneas o tergiversadas, sino por lo que directamente deja fuera de ellas, por todo aquello que elimina de plano de sus consideraciones y sus cálculos, restando de esa manera y en la práctica toda relevancia real al tema de la riqueza nacional y el bienestar individual y colectivo.

El descontrolado consumo de una sociedad de mercado ha degenerado los vínculos personales al tratar al otro, ya sea amante o prójimo, como una mercancía más de la que se puede prescindir, desechar o desconectar con cierta facilidad. Sus intenciones son modestas, no se hacen promesas y las declaraciones, si es que existen, no son del tipo romántico al estilo cuento de hadas.
Las personas actualmente piden y se conforman con menos, lo que genera una hipoteca más accesible, el plazo del pago es más cómodo y existe un menor riesgo de perder lo invertido. Los vínculos duraderos despiertan ahora la sospecha de una dependencia paralizante, no son rentables desde una lógica del costo-beneficio (Bauman, 2013); como consecuencia, la sexualidad se ve afectada, ya que una vez liberada del amor se condena finalmente a sí misma a la frustración y la falsa felicidad.

En este tenor y entendiendo a la infidelidad como ese acto de traición en el cual se ven involucrados sentimientos ajenos al amor, habría que preguntarse por principio de cuentas ¿qué es lo que una persona ama? Para dar una respuesta a ello se debe entender que en esta época de la globalización lo que impera es la búsqueda de la autosatisfacción y placer propio, búsqueda en la que no se busca a una persona a quien amar sino una persona que posea las cualidades necesarias para amarnos a nosotros mismos en ellas, es decir, que sean lo suficientemente perfectas para encontrar el ideal propio en ellas.

De esta forma, lo que se ama es el sentimiento de ser reconocidos como entes importantes e irremplazables, la sensación de ser amados y que implícitamente conllevan a una autoafirmación que evita el aborrecimiento por uno mismo; amar al prójimo no es otra cosa más que el egoísmo de amar a nuestro propio ser mediante las expresiones de afecto de los otros.

Así pues, cada vez que el individuo recibe muestras o señales de apreciación hacia su persona, por el motivo que sea (físico, intelectual o espiritual) eleva en cierto grado su narciso y por ende, se le da entrada a la esfera afectiva bajo una especie de contrato que sujeta a los implicados en el vínculo a sostener una relación pura (Giddens citado en Bauman, 2013) donde el único compromiso es que ambos se mantendrán dentro de la conexión mientras los satisfaga y haga “felices”, siendo los dos libres de desconectarse en el momento que cualquiera lo desee; es decir, juntos hasta que llegue alguien más traiga mayor satisfacción.

Dentro de este tipo de relaciones los vínculos se caracterizan por formarse y disolverse de manera bastante fácil y se rigen por una filosofía que obedece a la ley del más fuerte en cuanto a que se crea un especie de lucha de poder en la cual gana aquel que es capaz de mantenerse “cool” dentro del vínculo afectivo; si las cosas permanecen tranquilas, sin calentarse y sin que se presente una clase de dependencia entonces es cool, y si es cool entonces está OK (Bauman, 2013).

En este orden de ideas se concibe al prójimo como un ente ambivalente que puede ayudarnos a continuar con nuestra existencia en el juego de la vida pero que en el momento menos esperado puede voltearse contra nosotros, precisamente siguiendo la idea de la ley del más fuerte en la que se encuentra arraigada la convicción de no confiar en nadie y ocuparse únicamente en sobrevivir dejando de lado cualquier clase de consideración y clemencia hacia los demás.

 

En síntesis, se trata de una ideología de uso y deshecho en la que las relaciones tienen todas fecha de vencimiento y no hay cabida para términos como el compromiso y la fidelidad más que a uno mismo, y lo mejor que puede hacerse es evitar involucrarse afectivamente con otra persona, respetar la libertad y dejar de exigir una exclusividad imposible en un mundo que ha dejado de interesarse por el sentir de los otros, un mundo al que ya no le duele el sufrimiento ajeno y que piensa que el dolor humano por causa justificada es un precio que hay que pagar, un mundo que ha entrado a la era de las conexiones, un mundo que subsiste en la modernidad líquida.

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